¿BAILAMOS?
Al fondo del café la vi sentada
escondida detrás de su melena
mezclando en el Martini su honda pena
con perlas de cristal de su mirada
Descubrí una sonrisa despechada
observando los restos de la cena
y la copa de vino casi llena,
testigos de haber sido abandonada.
Junto a ella me senté, más tembloroso,
le ofrecí nuevo vino en nueva copa
y sentí que los labios nos rozamos
preludio de un edén maravilloso
que palpita debajo de su ropa.
Me miró y me dijo quedo ¿bailamos?
Ángel M. González
Libro: Alma de Tango - pasiones encontradas